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19.9.09

Creer es más fácil que pensar

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Comentando el libro La conspiración lunar ¡vaya timo! de Eugenio Fernández Aguilar, los bulos y mitos urbanos (caray, con la de pruebas y evidencias que existen, y la de gente que "cree" que no estuvimos en la Luna en 1969), David ByN en su Cuaderno de bitácora estelar hace un apunte acerca de estos temas que me parece interesante:

"Ciertamente, es más fácil creer que pensar. Es más fácil aceptar juicios de valor predigeridos que analizar y realizar una crítica de la realidad, que exige tiempo y preparación. Tal vez por ello más gente acepta mitos urbanos y otras patrañas inverosímiles como realidades, y crea que la ciencia es algo parecido a la magia.

En cierta medida, estamos volviendo a la relación que tenía el hombre del medioevo con su entorno: maravillado por la naturaleza, pero ignorante sobre cómo funciona. Siempre con un tinte de miedo."

Razón tenía Carl Sagan cuando dijo aquello de...

"Vivimos en una sociedad profundamente dependiente de la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Ello constituye una fórmula segura para el desastre."

Por si hay quien cree que los primeros viajes tripulados a la Luna, realizados entre 1968 y 1972, pudieron ser falsificados por la NASA para ganar la carrera espacial mantenida con la Unión Soviética y, de paso, asombrar al mundo entero; dejo aquí un montón de enlaces que tal vez no ha visto nunca para que, al menos, pueda tener más información y no continuar inmerso en esa "Edad Media" a la que se refería David:

En este blog:

Sobre los viajes a la Luna:

No olvides visitar:

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8.2.09

13 cosas que no encajan

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13 Things That Don't Make Sense: The Most Baffling Scientific Mysteries of Our Time. Michael Brooks. Doubleday, 2006. 240 páginas. Inglés.

Algunas cosas que nos rodean «no tienen sentido» desde el punto de vista científico y sin embargo, ahí están. Más correcto sería decir «no tienen explicación todavía» o «no sabemos cómo funcionan», pero en cualquier caso desafían de unas formas y otras a los análisis de los científicos. Algunas de estas cuestiones abren una controversia que está lejos de ser aceptada mayoritariamente por la comunidad, en ocasiones se tiene a dos grandes grupos o más de científicos enfrentados y el «problema» tiende a ignorarse u olvidarse, a pesar de que pueda ser profundamente importante.

En este libro Michael Brooks intenta arrojar un poco de luz sobre cada uno de los trece temas elegidos, mostrando los diferentes puntos de vista, el contexto científico en el que se producen y los avances que se han realizado en los últimos años, siempre desde el punto de vista científico, de una forma amena y entretenida.

Los temas «que no encajan» en la Ciencia y que trata el libro son estos:

  • El Universo que falta. La materia convencional es sólo el 4% del total del Universo, el resto está compuesto por materia oscura y energía oscura, algo de lo que muy poco se sabe todavía y que además no se ha podido detectar; hay quien considera la carencia de explicaciones –a pesar de su, en general, aceptada existencia– es la vergüenza de la física moderna. (Ver: En busca de la matería oscura y de la energía oscura.)
  • La anomalía de las sondas Pioneer. Esta dos sondas lanzadas en 1972 y 1973, ya fuera del Sistema Solar, se están desviando de sus trayectoraias previstas, desafiando las leyes de Newton y Einstein. A pesar de haber investigado todas las posibles causas, no se sabe exactamente por qué se alejan más rápido de lo previsto. (Más: La anomalía de las sondas Pioneer.)
  • Constantes que varían. No está claro si algunas de las constantes universales que se utilizan en la Física son realmente constantes o han variado ligeramente desde el inicio del Universo, lo cual tendría profundas implicaciones.
  • Fusión Fría. Tras algunos notables fiascos, no está del todo claro el resultado de algunos experimentos sobre esta forma fusión que podría producir energía de una forma totalmente revolucionaria, ni si será realmente posible algún día.
  • Vida. Qué es la vida y en qué se diferencia de los objetos inertes sigue siendo objeto de problemas de definición. Hay muchos ejemplos de virus y otros «seres» que podrían considerarse vivos pero por definición no lo están.
  • Las evidencias de vida en Marte. Los resultados de un experimento de las sondas Viking enviadas a Marte detectaron vida de forma bastante clara, pero luego los resultados fueron descartados no sin cierta controversia al respecto.
  • La señal ¡Wow! Una señal captada por el proyecto SETI en 1977 podría ser un indicio de información enviada por civilizaciones extraterrestres inteligentes, pero nunca se ha conseguido volver a captar ni tampoco se ha podido aclarar si esa señal pudo tener otro origien «natural».
  • Un virus gigante. La historia de un gigantesco virus llamado Mimivirus desafía las explicaciones y clasificación de estos curiosos seres que están entre lo inerte y lo vivo.
  • Muerte. La teoría de la evolución tiene un problema con explicar por qué los seres vivos mueren, pues no está clara la finalidad de este inevitable y autodestructivo hecho. Además, la extraña longevidad de algunos seres y la manipulación genética que permite aplazar de forma espectacular la muerte en algunos de ellos está todavía por explicar.
  • Sexo. No está tampoco claro respecto a las teorías evolutivas por qué la distinción entre sexos y la reproducción sexual son mejores que otros métodos de reproducción, y sin embargo muchos seres vivos la utilizamos.
  • Libre albedrío. Diversos experimentos sugieren que los seres humanos no tenemos libre albedrío sino que vivimos en un autoengaño en el que creemos realizar acciones por voluntad propia aunque estas pueden ser predecidas con antelación mediante sencillos sensores. Tal vez es el autoengaño definitivo de la conciencia humana. (Ver: sobre la mente inconsciente en El ancho de banda de los sentidos en los seres humanos.)
  • El efecto placebo. No está claro quién engaña a quién, pero el efecto «curativo» de los placebos (medicamentos en forma de sustancias inertes que supuestamente no deberían tener un efecto físico real) sigue estando ahí y su mecanismo de funcionamiento sigue siendo un tanto misterioso.
  • Homeopatía. Un controvertido sistema de medicina alternativa «patentemente absurdo» que sin embargo, como el placebo, tiene algunos factores que no se han terminado de aclarar. Tampoco encaja que estando fuera de las consideraciones científicas forme parte de los sistemas sanitarios de países como Alemania, Reino Unido, la India o México. (Ver: Homeopatía = Placebo).

Se puede leer algo más sobre la esencia de todo lo que se cuenta en este libro en el resumen 13 things that doesn’t make sense que publicó la revista New Scientist hace ya tiempo, aunque los interesados en cualquiera de estos temas encontrarán interesante la profundidad y neutralidad con que se tratan a lo largo de la obra, que en ocasiones incluso se hace corta.

13 Things That Don't Make Sense: The Most Baffling Scientific Mysteries of Our Time. Michael Brooks. Doubleday, 2006. 240 páginas. Inglés.

Vía Microsiervos

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28.12.08

Un dragón en el garaje

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"En mi garaje vive un dragón que escupe fuego por la boca."

SM0046

Supongamos que yo le hago a usted una aseveración como esta. A lo mejor le gustaría comprobarlo, verlo usted mismo. A lo largo de los siglos ha habido innumerables historias de dragones, pero ninguna prueba real ¡Qué oportunidad!

-Enséñemelo -me dice usted.

Yo le llevo a mi garaje. Usted mira y ve una escalera, latas de pintura vacías y un triciclo viejo, pero el dragón no está.

-¿Dónde está el dragón? -me pregunta.

-Oh, está aquí -contesto yo moviendo la mano vagamente-. Me olvidé de decir que es un dragón invisible.

Me propone que cubra de harina el suelo del garaje para que queden marcadas las huellas del dragón.

-Buena idea -replico-, pero este dragón flota en el aire.

Entonces propone usar un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.

-Buena idea, pero el fuego invisible tampoco da calor.

Se puede pintar con spray el dragón para hacerlo visible.

-Buena idea, sólo que es un dragón incorpóreo y la pintura no se le pegaría.

Y así sucesivamente. Yo contrarresto cualquier prueba física que usted me propone con una explicación especial de por qué no funcionará.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre un dragón invisible, incorpóreo y flotante que escupe un fuego que no quema y un dragón inexistente? Si no hay manera de refutar mi opinión, si no hay ningún experimento válido contra ella, ¿qué significa decir que mi dragón existe? Su incapacidad de invalidar mi hipótesis no equivale en absoluta a demostrar que es cierta. Las afirmaciones que no pueden probarse, las aseveraciones inmunes a la refutación son verdaderamente inútiles, por mucho valor que puedan tener para inspirarnos o excitar nuestro sentido de maravilla. Lo que yo he pedido que haga es acabar aceptando, en ausencia de pruebas, lo que yo digo.

+/- Mostrar todo el texto

Lo único que ha aprendido usted de mi insistencia en que hay un dragón en mi garaje es que estoy mal de la cabeza. Se preguntará, si no se puede aplicar ninguna prueba física, qué fue lo que me convenció. La posibilidad de que fuera un sueño o alucinación entraría ciertamente en su pensamiento. Pero entonces ¿por qué hablo tan en serio? A lo mejor necesito ayuda. Como mínimo, puede ser que haya infravalorado la falibilidad humana.

Imaginemos que, a pesar de que ninguna de las pruebas ha tenido éxito, usted desea mostrarse escrupulosamente abierto. En consecuencia, no rechaza de inmediato la idea de que haya un dragón que escupe fuego por la boca en mi garaje. Simplemente, la deja en suspenso. La prueba actual está francamente en contra pero, si surge algún nuevo dato, está dispuesto a examinarlo a ver si le convence. Seguramente es poco razonable por mi parte ofenderme porque no me cree; o criticarle por ser un pesado poco imaginativo... simplemente porque usted pronunció el veredicto escocés de "no demostrado".

Imaginemos que las cosas hubiesen sido de otro modo. El dragón es invisible, de acuerdo, pero aparecen huellas en la harina cuando usted mira. Su detector de infrarrojos registra algo. La pintura de spray revela una cresta dentada en el aire delante de usted. Por muy escéptico que se pueda ser en cuanto a la existencia de dragones – por no hablar de seres invisibles – ahora debe reconocer que aquí hay algo y que, en principio, es coherente con la idea de un dragón invisible que escupe fuego por la boca.

Ahora otro guión: imaginemos que no se trata sólo de mí. Imaginemos que varias personas que usted conoce, incluyendo algunos que está seguro que no se conocen entre ellas, le dicen que tienen dragones en sus garajes... pero en todos los casos la prueba es enloquecedoramente elusiva. Todos admitimos que nos perturba ser presas de una convicción tan extraña y tan poco sustentada por una prueba física. Ninguno de nosotros es un lunático. Especulamos con lo que significaría que hubiera realmente dragones escondidos en los garajes de todo el mundo y que los humanos acabáramos de enterarnos. Yo preferiría que no fuera verdad, francamente. Pero quizás todos aquellos mitos europeos y chinos antiguos sobre dragones no eran solamente mitos...

Es gratificante que ahora se informe de algunas huellas de las medidas del dragón en la harina. Pero nunca aparecen cuando hay un escéptico presente. Se plantea una explicación alternativa: tras un examen atento, parece claro que las huellas podían ser falsificadas. Otro entusiasta del dragón presenta una quemadura en el dedo y la atribuye a una extraña manifestación física del aliento de fuego del dragón. Pero también aquí hay otras posibilidades. Es evidente que hay otras maneras de quemarse los dedos además de recibir el aliento de dragones invisibles. Estas "pruebas", por muy importante que las consideren los defensores del dragón, son muy poco convincentes. Una vez más, el único enfoque sensato es rechazar provisionalmente la hipótesis del dragón y permanecer abierto a otros datos físicos futuros, y preguntarse cuál puede ser la causa de que tantas personas aparentemente sanas y sobrias compartan la misma extraña ilusión.

libro Extraído de:

Carl Sagan – "El mundo y sus demonios"

Capítulo 10: "Un dragón en el garaje"

Título original: "The Demond-haunted World"

1997

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